Poné dos imanes con sus extremos acercándose si se atraen es porque esos extremos tienen sus polos opuestos, si se repelen es porque tienen el mismo polo en ese extremo en particular.Esto está basado en la Ley de Coulomb de masas magnéticas y la fuerza es igual a:F = M1. M2 / d (al cuadrado) (generalmente se multiplica todo esto por un coeficiente que depende del medio)Lo importante es saber que la fuerza de atracción o repulsión es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia y directamente proporcional con las masas magnéticas que intervienen (masa magnética es un punto imaginario donde se presume concentrado el campo magnético y las lineas de fuerza convergen en esos puntos)Este principio de la repulsión es lo que se usa en la levitación magnética, nada más que el campo magnético de un superconductor "flotaría" en un campo magnético externo.
La levitación es, sin lugar a dudas, un fenómeno que siempre ha cautivado la imaginación del ser humano. Hoy en día, se conocen unos cuantos mecanismos físicos que permiten “sostener” un objeto flotando sin contacto mecánico alguno con el suelo, y ya se pueden incluso comprar “levitrones” de bolsillo en algunas jugueterías por un precio razonable. No obstante, cuando se pretende extrapolar este atractivo fenómeno a sistemas de interés científico o tecnológico, aparecen serias dificultades. En particular, las aplicaciones basadas en efectos dinámicos (un colchón de aire, por ejemplo) requieren un ingente aporte de energía, y las que tratan de evitar este problema mediante la estática (como las basadas en imanes que se repelen) son altamente inestables. Una mínima perturbación sobre el objeto levitante lo expulsa irreversiblemente de su posición de equilibrio. Aunque queda mucho camino por recorrer, las propiedades de atracción-repulsion entre imanes y superconductores han hecho posibles grandes avances en este campo. Estos sistemas son inherentemente muy estables y el consumo de energía se reduce de modo drástico. En el rango de las aplicaciones a gran escala, disponemos ya de conocimiento y tecnología para levitar grandes masas. No es extraño ver demostraciones en las que un vagón levitante transporta durante varias horas grupos de cuatro o cinco personas a lo largo de una pista de varias decenas de metros
Levitación magnética y superconductividad
La levitación es, sin lugar a dudas, un fenómeno que siempre ha cautivado la imaginación del ser humano. Hoy en día, se conocen unos cuantos mecanismos físicos que permiten “sostener” un objeto flotando sin contacto mecánico alguno con el suelo, y ya se pueden incluso comprar “levitrones” de bolsillo en algunas jugueterías por un precio razonable. No obstante, cuando se pretende extrapolar este atractivo fenómeno a sistemas de interés científico o tecnológico, aparecen serias dificultades. En particular, las aplicaciones basadas en efectos dinámicos (un colchón de aire, por ejemplo) requieren un ingente aporte de energía, y las que tratan de evitar este problema mediante la estática (como las basadas en imanes que se repelen) son altamente inestables. Una mínima perturbación sobre el objeto levitante lo expulsa irreversiblemente de su posición de equilibrio. Aunque queda mucho camino por recorrer, las propiedades de atracción-repulsion entre imanes y superconductores han hecho posibles grandes avances en este campo. Estos sistemas son inherentemente muy estables y el consumo de energía se reduce de modo drástico. En el rango de las aplicaciones a gran escala, disponemos ya de conocimiento y tecnología para levitar grandes masas. No es extraño ver demostraciones en las que un vagón levitante transporta durante varias horas grupos de cuatro o cinco personas a lo largo de una pista de varias decenas de metros.
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